Peripecias de un archivo personal y republicano
Quienes me sufrieron durante sus años en el Módulo, saben que no me ocupaba de la Archivística, que regentaba José A. Fernández Cabello con tanto conocimiento de causa. Sin embargo, de las visitas realizadas en nuestros viajes, guiadas de su autoridad sapiencial, fui aprendiendo cosas y me fue resultando interesante ese mundo de legajos del que desconocía prácticamente todo.
En 1941 reaparece su rastro , ahora en manos de una familia, los Soria, a quienes se consideraba propietaria por usucapión (y ahora sí, ¿qué leñes quiere decir el palabro?, pues simplemente "adquisición por uso", lo que me suena a eufemismo). Esta familia los conservó en secreto hasta 2008. ¿En qué condiciones? ¿Con qué cuidados? Quienes han visitado algún archivo saben de las preocupaciones sobre temperatura, humedad, luz, etc. que sus responsables deben asumir para evitar su deterioro. Por no hablar de la imposibilidad de consulta y estudio.
La familia (¿0 sería más apropiado llamarla famiglia?) pretendió vender el material al ¿historiador? César Vidal. Los descendientes de don Niceto denunciaron la operación ante la Guardia Civil, que la frustró. Es conocido que el Estado tiene derecho a pujar en primer lugar, para que el legado vuelva a manos públicas, de donde nunca debió salir, aunque los jueces consideraron que la familia Soria podía actuar como quisiera. Al final, entregaron la documentación al Estado ("los caminos del Señor son insondables"), a cambio de satisfacer sus obligaciones con Hacienda, quien la valoró en 80.000 euritos de nada.
Ahora se encuentra en depósito en el Archivo Histórico Nacional, que es el custodio de toda la documentación que generan los jefes de Estado en nuestro país. En este momento está en proceso de restauración y con posterioridad será accesible su consulta en sala para investigadores y curiosos en general. ¿Qué tal la peripecia?Esta entrada va dedicada a José Antonio, con todo mi cariño y admiración.
José Manuel Mora.
Comentarios