Killing Eve, de Phoebe Waller-Bridge

 ¿Psicópatas?

Cuando una sobrina con paladar, Noe, pregunta: "¿Habéis visto "Killing Eve"?, ¿No? Pues estáis tardando", no queda más remedio que ponerse a ello. Se encuentra en HBO y, cuando me pongo a buscar información, descubro que se trata de una serie de tres temporadas, que inició su andadura en 2018 nada menos. Los ocho capítulos de cada etapa están entre los 40 y los 55 mi. de duración y es tan adictiva que resulta perfecta para una maratón. Parece que estaba firmada una cuarta temporada para este año, cuyo rodaje se ha tenido que suspender por culpa de la pandemia. Phoebe Waller-Bridge, creadora de la propuesta, y que también dirige y "guioniza" alguno de los episodios, se ha basado en la saga literaria de novelas cortas escritas por Luke Jennings, Codename Villanelle, que tenía como protagonista a una asesina que se mueve según sus propias reglas. El escritor dice situarse en la estela de Fleming, le Carré y Highsmith. Lo consigno por dar pistas. Waller-Bridge ya se encargó de escribir e interpretar Fleabag, que yo no vi. Parece que sigue en esa línea. Cada temporada cuenta con una mujer como coordinadora.


Tanto el novelista como la creadora de la serie parecen apostar por dos figuras femeninas opuestas: Villanelle (Jodie Comer, a quien no habrá que perder de vista), asesina a sueldo, y su perseguidora, la agente del MI5, Eve Polastri (Sandra Oh, a quien no vi en Anatomía de Grey, pero que seguro no se me olvidará, ha logrado un Globo de Oro). Y lo que empieza como un encargo de la agencia británica de espías a una mujer, harta de estar detrás de una mesa de despacho, se va trasformando en una obsesión mutua que va trasformando a ambas. Ninguna de las dos quiere ser sostén de nadie, ni esclavas de las emociones, ni tampoco sujetarse a órdenes de varones. De hecho, la jefe de Eve es una poderosa mujer, Carolyn (Fiona Shaw, la de Harry Potter  y la abuela de El árbol de la vida) con quien choca constantemente por querer seguir sus intuiciones y no las órdenes que ella le da. Tampoco Villanelle parece dispuesta a acatar sin rechistar las órdenes de Konstantine (Kim Bodnia, quien tanto me gustó por su naturalidad en Bron // Broen El Puente), sino que se deja llevar por el capricho o por la inspiración del momento.  Ambas han ido tomando decisiones a lo largo de su vida: la primera, peligrosas y que conducen a disponer del dinero que le permita hacer su santa voluntad; la segunda, más "conservadoras", hasta que la confrontación de ambas las hará cambiar de dirección. Y lo que empieza como thriller, o serie de espías convencional, se va convirtiendo en un juego de seducción y de cortejo mutuo, por aquello de que los polos opuestos se atraen, una pulsión, en ocasiones sexual, que parece poder despeñarse hacia la violencia desmedida en cualquier momento. Ambas acabarán coincidiendo en la transgresión, en la ruptura de los códigos que son habituales en los comportamientos femeninos a los que se nos tiene acostumbrados, dos mujeres que responden a sus propios intereses en cada momento. Y ese es uno de los atractivos de la serie, el dibujo acabadísimo de estos dos personajes, desde sus comportamientos iniciales al vestuario que las caracteriza: Eve parece ir de uniforme, desaliñada; Villanelle no repite modelo en ningún momento, y sus elecciones son glamurosas, elegantísimas, desde un tutú rosa, a un mono de hospital; no sólo se viste, sino que se disfraza para cometer sus asesinatos

Conforme la serie avanza, me he ido preguntando a qué escuela de escritores han ido estos guionistas. Cuando uno cree intuir por dónde va a seguir la historia, se producen unos giros de guión que la redirigen y que no dejan de causar asombro. La talentosa asesina, incapaz de empatizar con nadie, ni de sentir ningún tipo de emoción, acaba haciendo que se sienta uno atraído por ese rostro que parece no haber roto un plato en su vida, pero que es capaz de los crímenes más atroces y sangrientos, en los que no se repite nunca el modus operandi. Hay en ello una voluntad de ironía, incluso de humor, negro, que hace que uno no se espante ante tanto horror, sino que incluso se ría de tamañas barbaridades. Las localizaciones que exigen sus constantes desplazamientos son un regalo para la vista. Eve en cambio, casada con un polaco buenazo, profesor de instituto, irá evolucionanado desde su asentada vida, a la obsesión por capturar a la sicaria, lo que desmontará por completo su vida de aburrida curranta de los servicios de inteligencia. De esto ambas tienen a espuertas. Están magníficas las dos, cada una con un estilo interpretativo diferente. Sin embargo en muchas ocasiones Fiona Shaw les puede robar la escena, desde la contención más absoluta. Magnífica su explosión final. Hay mucha soledad en todas ellas. Son mujeres reales, llenas de contradicciones, que están movidas, más que por un afán de justicia, por la obsesión del trabajo bien hecho, por la muestra de inteligencia en la búsqueda y en la huida de cada una de ellas. Las dos protagonistas se temen y se admiran.


La banda sonora merece comentario aparte. Perfecta en cada momento y en los créditos finales, con esa tipografía sangrante que anuncia lo que vamos a presenciar. Ninguno de sus personajes está libre de acabar muerto en la siguiente secuencia. El suspenso es constante y la adicción a esta historia es total. Lástima que no podamos ver hacia dónde se va a dirigir en la cuarta temporada. Al menos por el momento. Una gozada que no deja de inquietar, al sentirse uno atraído por semejante monstruo. Estas chicas...

José Manuel Mora.  


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