Cuando pase tu ira, de Åsa Larsson

Polar, y nunca mejor dicho

Ha vuelto a funcionar, aunque esta vez no se haya tratado del antaño famoso book crossing. En mi paseo matinal ya he visto en ocasiones anteriores que hay alguien que se desprende de colecciones enteras de libros, de revistas, de catálogos de viajes... Alguien que necesita vaciar sus estanterías. Lo que me ha hecho detenerme ha sido que se trataba de un solo libro abandonado. El título y la reseña de la contracubierta me han animado a llevarlo conmigo. Por supuesto no había oído hablar de la escritora sueca, muy conocida en su país. LARSSON, ÅSA. Cuando pase tu ira. Barcelona: Editorial Planeta, 2015; trad. Mayte Giménez y Pontus Sánchez, bastante cuidada; 359 págs. La cubierta, con aire fractal, resume los elementos esenciales de la narración. Hay en la página de respeto un "ALVARO" (sic), escrito con mano de principiante, ¿hijo de quien poseía la novela? En la elección también ha contado el recuerdo de mis amigas de Uppsala, a quienes conocí tras un intercambio de profes jubilados: Yvonne y Ulla. Y mis dos visitas a aquel país, tan gratificantes, aunque no tan al norte.


La escritora, Åsa Larsson, nació en Kiruna, en 1966. Estudió Derecho y ejerció como fiscal, al igual que uno de sus personajes. En 2003 fue galardonada con el Premio de la Academia Sueca a la Mejor Primera Novela Negra por Aurora boreal (Seix Barral, 2009), que fue llevada al cine aunque no creo que llegara aquí. La han seguido premiando por Sangre derramada (2004; en Seix Barral, 2010). Luego vino La senda oscura (2006) y la que voy a comentar que se publicó allí en 2008. Todas forman parte de la "serie Rebecka Martinsson". Por lo que se ve, y por lo publicado, es una escritora de éxito en su país. La autora confiesa que sus obras son una mezcla de elementos reales, como lo sería aquí la presencia de los alemanes en Suecia en 1943, con todo lo que su imaginación es capaz de reelaborar.


Kiruna es una ciudad de 16000 habitantes, de las más septentrionales del país. Yo no sabía que, debido a la actividad minera, su subsuelo es una especie de queso gruyer, lo que obligó a trasladar parte de las edificaciones a zona segura. Y es ahí, y en sus alrededores, plagados de ríos, bosques inmensos, lagos y zonas pantanosas, donde se inicia la historia. Y lo primero que llama la atención al lector desprevenido es escuchar la voz de la narradora en primera persona, Wilma, ya muerta, que es quien comienza a contar lo sucedido: "Recuerdo cómo morimos" (pág. 9), lo que indica que son dos los cadáveres; o bien: "Si ahora estuviera viva tendría dieciocho" (pág. 9), lo que proporciona un intenso efecto dramático. Según dice Larsson, en todos sus libros aparecen muertos, pero aquí la muchacha, no sólo narra, sino que sobrevuela los lugares donde vivió y las personas que la conocieron. "Busco a la fiscal. Es la primera que me ha visto desde que he muerto" (pág. 45). Pronto descubre uno que lo que importa en lo que se cuenta no es el clásico whodunnit, porque de inmediato se va a hacer evidente, sino que lo que nos interesa es conocer las razones de los crímenes.


Cuando se produce la muerte de la pareja de excursionistas, que buscaban en el fondo de uno de los lagos, el de Vittangijarvi, un viejo avión alemán siniestrado en el año 1943, es el mes de octubre; la escritora pasa a la tercera persona y se centra en las dos mujeres que van a protagonizar la investigación: Rebecka, fiscal en Kiruna, y Anna-Maria Mella, inspectora de policía, y ahora es abril y ha comenzado el deshielo. Entre ambas se establece una corriente de entendimiento que se traduce en una colaboración estrecha. El arranque es pues potente. También se harán presentes los hermanos Krekula, Hjalmar y Tore, más pequeño, pero que es quien da las órdenes, desde un incidente ocurrido cuando ambos eran pequeños. Desde su estancia en la escuela se significaron por su violencia, ejercida contra los más débiles, o contra quienes osaran enfrentarse a ellos. Son dos personajes atormentados y marginales, sobre todo el mayor. Todos ellos vienen envueltos por un tercer personaje absoluto, la helada naturaleza de la zona. La nieve y el hielo envuelven el paisaje y tienen un papel importante al inicio y al final de la narración: "Una niebla embrujada descansa sobre el lago" (pág. 156). Durante la inmersión de los jóvenes se produce un efecto claustrofóbico que se vuelve a repetir en la resolución. Los pájaros juegan también su papel como figurantes de fondo. "Todo en la zona huele a muerte. Los abedules se retuercen. Los pájaros graznan" (pág. 164).


Con todo, es el personaje de la fiscal el que ejerce mayor atracción sobre el lector. Es el único al que "escuchamos" reflexionar gracias a las comillas y que permite profundizar en su interior. Su soledad, su necesidad de establecer lo que es justo escuchando a los implicados, incluso su cercanía al perdón, una vez que ha pasado la ira, su buceo en el pasado para entender: "Cosas que todo el mundo ha olvidado y que tienen que seguir olvidadas" (pág. 201), según uno de los personajes. La novela se va desvelando más como un trabajo de estudio psicológico, que hace olvidar la estructura de novela negra a la que me referí al principio. Es cierto que para la escritora, "todo el género es una lucha constante entre el bien y el mal, con la religión siempre muy cerca". De hecho el título está sacado del Libro de Job. El estilo de la autora es sobrio, aunque además de las bellas descripciones de los paisajes, a veces aflora una imagen potente: "La ira que le corroe por dentro es hierro incandescente" (pág. 259).













Así pues, un libro que se puede leer sin conocer el resto de la serie, que va más allá de lo que suele ser un policiaco y que, como todos ellos, pienso en el siciliano Camilleri, en el Montalbán barcelonés, en el Padura cubano,  suele mostrar una visión crítica de la sociedad donde todo sucede. Aquí, las concomitancias de la población sueca con los nazis, los efectos de haber nacido en una familia violenta, o formas de vida tan alejadas de la mediterraneidad en la que vivimos nosotros. Libro entretenido, en el que no decae el interés hasta un final intenso. Muy adecuado, como contraste, para estos calores. 

José Manuel Mora.








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