Spy/Master, de Christopher Smith

Espionaje y Guerra Fría

No es frecuente que en las plataformas encontremos cinematografías que se salen de las propuestas trilladas a las que estamos acostumbrados. Rumanía, que es como yo estudiaba el país en geografía, aunque tiene más sentido denominarla Romania, uno de los territorios donde se implantó el latín y donde se habla una lengua romance, tiene una industria fílmica potente, que últimamente está dando que hablar, aunque creo que es el primer título que veo. Christopher Smith es un director británico, cincuentón, con varios títulos a la espalada, del que no había oído hablar. Se responsabiliza de  dirigir Spy/Master, escrita por Kirsten Peters y Adina Sadeanu, premiadas en Berlín, serie de seis capítulos que se puede ver en HBO. 


Ambientada en una semana de 1978, en la Rumanía del paranoíco dictador Ceaucescu, me vienen a la memoria las imágenes de su ejecución junto a su mujer, Elena, en 1989, tirados en tierra sin el glamur que los acompañó. Era un régimen oscuro y corrupto que, como se dice en los créditos, se había desembarazado de la tutela de la URSS, aunque los agentes de la gran potencia siguieran inmersos en los núcleos del poder rumano, como le sucede al protagonista ficticio, Víctor Godeanu (Alec Secareanu), consejero cercano al dictador, pero que ejerce de espía para el KGB. Durante un viaje a Berlín se plantea pasarse a los EEUU, lo que supone una traición para su país, y para sus antiguos compañeros soviéticos. Su decisión pone en peligro, no sólo su propia vida, sin la de su hija, que ha quedado en Bucarest. Durante una semana apasionante, se verá obligado a dar esquinazo a unos y a otros, mientras intenta conseguir la protección de la embajada estadounidense a través de uno de los jefes de la CIA que trabajan en ella (Parker Sawyer) con la ayuda de una antigua amante que trabaja para la Stasi para poder desertar. La ensalada es compleja y está perfectamente aderezada por las guionistas. La acción, con sucesivos saltos atrás para explicar la situación previa del protagonista, es trepidante. Estamos ante un auténtico thriller político con las imprescindibles llamadas telefónicas desde cabinas, las citas secretas, micrófonos ocultos, el peligro de ser descubierto de las cintas de espionaje, aunque aquí todavía era analógico. Se inspira en un caso real.

Una de las grandes bazas de la serie está en su protagonista, Secareanu, a quien admiré en Tierra de Dios , quien con su rostro impenetrable es capaz de transmitir toda la dureza que se necesita para sobrevivir en un mundo de espías, a la vez que el miedo, el desvalimiento, la preocupación por su hija. No es un personaje de una pieza, el típico héroe, sino que sus claroscuros le dan profundidad y credibilidad. Sawyer está correcto como alguien que necesita convencer a las altas instancias para salvar a un hombre que sabe que le puede reportar información importante. 

Hay todavía una baza fundamental en la serie para que resulte atrapante, y es su puesta en escena, las localizaciones, el atrezo, la iluminación de interiores... Todo ayuda a recrear una atmósfera asfixiante, servida por planos cortos, que lleva al protagonista a querer escapar. En definitiva, una de espías muy recomendable, alejada de J. Bond o de Citadelle. Y además se ve en un no res.

José Manuel Mora.




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