A veces me pregunto qué sentido tienen estas reseñas sobre las visitas que organiza la AAUP a las diferentes exposiciones que se realizan en nuestra ciudad. Y pienso que, además de servir de recordatorio, pueden animar a otros miembros de la Asociación que no pudieron apuntarse a la visita guiada, a realizar el recorrido por propia cuenta. Son ya varias las que hemos hecho al MUBAG. Pero esta vez, gracias a la mediación de la bibliotecaria, Aránzazu García Espinosa, antigua alumna mía del Módulo de Biblioteconomía, hemos podido asistir en dos turnos a la visita guiada de la exposición en el MACA de la pintora alicantina Juana Francés.
La que nos guía, Natalia, pronto pone de manifiesto que conoce a fondo no sólo la muestra, sino el personaje. "La construcción de una artista moderna" es el subtítulo de la misma, el periodo que va desde 1945 a 1956. He de confesar que llego a la visita con el pre-juicio que se me ha formado ante la obra de la pintora que se encuentra en la primera planta. Pronto se me va a venir abajo. Y así, Natalia nos pone en contexto. La pintora nació en 1924, con lo que tuvo tiempo de vivir la Restauración borbónica, la Dictadura de Primo, la República, la Guerra Civil y la Dictadura franquista, además de los ecos de la IIª Guerra Mundial, con los aires existencialistas que llegaban desde el país vecino. La primera vitrina que se nos muestra contiene objetos personales, entre los que llama la atención cartillas de racionamiento, diseño de canastilla, carné de haber realizado el Servicio Social que implicaba a las mujeres, con su orientación hacia la maternidad y su componente de adoctrinamiento. Se desatan comentarios entre las integrantes del grupo, que recuerdan anécdotas similares.
Juana estudió en el instituto Jorge Juan (la negrita la pongo para subrayar que era el único en toda la provincia). Muestra pronto su afición a la pintura, cuya inspiración parte del natural, de los carteles de Fogueres, y los enormes cartelones en los cines. En 1941 se traslada con su familia a Madrid. Allí estudia piano con bastante aprovechamiento, lo que la señala como una "privilegiada" por su origen familiar. A la vez se matricula en Bellas Artes. Hay un cuadro titulado "chica examinándose", de 1950, que resulta significativo no sólo por la actitud de la examinanda, sino la de sus compañeras, todas sin rostro, y el entorno en el que la prueba se realiza, de carácter geométrico, con algo de aire cubista.
En 1951 consigue una beca del Gobierno francés y marcha a París, un mundo completamente diferente de la España franquista de la época: librerías, buen cine, conciertos y sobre todo museos, con los impresionistas que tanto la marcan. Nos señala la guía otro cuadro que podría ser síntoma de la mujer española de entonces: "El silencio" (1950), cabe que presente a una mujer que se tapa la boca censurándose a ella misma, o bien, por la postura de la mano, una mujer "a la que le está tapando la boca" condenándola al silencio.
Y ya en 1955 se imparte en el Palacio de la Madalena de Santander el primer curso sobre pintura informalista, al que ella asiste. Estamos en la estela de Kandinsky y de Klee, por citar sólo dos. Se trata de una nueva manera de trabajar: se abandona el caballete, los lienzos se extienden en el suelo y los pinceles son substituidos por escobas o cuerdas para extender la pintura. En ese experimentalismo, da la impresión de que no son necesarios ni los títulos, ni las fechas, ni siquiera la firma del artista.
Y en 1956 realiza su primera exposición en el Ateneo de Madrid. Conoce al escultor Pablo Serrano, con quien viaja por Europa y quien acabará siendo su compañero de vida. En 1957, junto a otros pintores, como Saura, Millares, Feito, Canogar y ellos dos, acabaron conformando el Grupo El Paso. Su manifiesto apostaba por un "arte recio y profundo" y una "nueva realidad plástica". Se abrieron a la experimentación, a la materialidad de la pintura, a la expresividad que provenía del expresionismo abstracto estadounidense, lejos del arte figurativo tradicional. Estamos ya en el informalismo y la abstracción. Participaron en la Biennale de Venecia y hacia los años sesenta el grupo murió de éxito y de la lucha de egos. Es curioso que Juana Francés, única mujer del grupo, fuera expulsada del mismo. Su marido la siguió. Y así es como, a la salida, uno mira con otros ojos el cuadro de ella que se expone a la entrada. Y se hace también patente la necesidad de subir a la primera planta para ver sus "cajas", y las obras que de ella se exhiben allí.
Un último agradecimiento a mi bibliotecaria favorita, Arancha, que es la que ha gestionado la visita, compleja por la de solicitudes que tenía en cartera. La exposición permite empezar a pensar en la pintora alicantina con otros ojos. Quien pueda no debería perdérsela.
José Manuel Mora.





















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