Código de silencio, de Catherine Moulton

Leer los labios

Tal vez por haber tenido de compañera a mi amiga Dioni, experta en atención a las personas con discapacidades auditivas y conocedora de la lengua de signos, me apunté a un curso que me acercara a ese código tan desconocido y tan necesario para personas sordas. No profundicé, pero quedé sensibilizado. Quizá por eso me gustó tanto la peli Sorda, ya comentada aquí. Y doy, casi por casualidad, con esta serie británica de seis capítulos, Código de silencio (Code of Silence), de Catherine Moulton como creadora y guionista, y con episodios dirigidos también por Diarmuid Goggins y Chanya Button, y con una intérprete sorda, Rose Ayling-Ellisque me ha parecido uno de los mejores hallazgos. Se puede encontrar en Filmin.  


Lo que podría haber quedado en un thriller policiaco, alcanza un mayor interés al convertirse en protagonista una pobre camarera parcialmente sorda, Alison, a la que están a punto de desahuciar junto con su madre, por no poder hacer frente a gastos comunitarios. Es interesante ver el proceso por el cual, alguien a quien se ha ninguneado de forma constante por su discapacidad, va asumiendo la importancia de su "capacidad", la de leer los labios de quienes están lejos y a quienes no sería posible oír para conocer sus intenciones. Eso la convierte en una pieza valiosa para la policía, que intenta evitar el robo de una joya valiosa. A ello se añade que la muchacha se vaya enamorando de uno de los miembros de la banda, Liam (un Kieron Moore ambiguo en sus miradas e intenciones), experto hacker. Y hasta aquí puedo leer. 


La creadora de la serie ha tenido el acierto de elegir a una actriz que además de signar con su madre, también sorda como ella, y de leer lo labios, es capaz de hacerse entender verbalmente, aun con alguna dificultad de pronunciación. La V.O.S. permite escucharla y ver las diferencias de locución con sus oponentes "oyentes". El guión acierta al hacer que el personaje se aproxime al peligro en aras de una mayor valoración por parte de sus "jefes". Y esta perspectiva diferente de la trama es lo que la convierte en más atractiva, ya que los sonidos que emitimos no siempre pueden ser visualizados a través de los labios, sino que podrían deducirse a partir de los gestos y de la expresión corporal, junto con el contexto. 


Los detectives y la "colaboradora" necesitan ir reuniendo piezas como en un puzle, para saber qué se cuece en la banda de ladrones. Y ella irá mostrando que su capacidad no es la única que posee, ya que a ella se añade la valentía de enfrentarse al riesgo, la capacidad de tomar decisiones por sí misma, la de sacar sus propias conclusiones a partir de lo que lee en los labios de los vigilados, pero también de lo que hacen aunque estén de espaldas, junto con caer también en la trampa de los afectos, de los que está tan necesitada. Todo ello hará que quien acaba dependiendo de la información que ella pueda obtener sea la propia policía. Las tornas han cambiado. Ya no es Alison la que necesita del paternalismo y la condescendencia, sino que deberá ser ella quien acabe tomando sus propias decisiones. La sensibilidad, la inteligencia de la mirada de Ayling-Elis hacen que la serie se aleje de lo previsible de las series de "policías". Una opción para alejarse de lo trillado.

José Manuel Mora.









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