¿Realismo mágico catalán?
No sé si se deba a un intento inconsciente de seguir ejercitando mi cabeza para que la desmemoria y los años no me arrebaten antes de tiempo la claridad mental. El caso es que en poco tiempo me he puesto a leer en francés y ahora en catalán. Hacerlo en un idioma distinto al propio, supone un esfuerzo, por supuesto, y también un redescubrimiento de la lengua que no se usa habitualmente. La reseña sin embargo será en castellano, con las citas textuales en catalán, como es natural. No sé si la traducción castellana habrá sido capaz de captar la belleza del original. Elegí esta novela porque me sonaba su éxito editorial y de público y también porque el título me resultaba atractivo, divertido, novedoso, casi surrealista. Solà, Irene. Canto jo i la muntanya balla. Barcelona: Editorial Anagrama, 2019, (aunque yo la lea ahora en su vigésima edición de 2025), 186 págs.
Solà (Malla, Barcelona, 1990) se licenció en Bellas Artes en Barcelona y completó su formación en Literatura, Cine y Cultura Audiovisual, primero en Reikiavik y luego en Sussex, G.B. Si señalo esto último es porque seguramente ello influyó en la manera de presentar su historia, tan plástica, a través de palabras. Por cierto, el léxico que usa es tan rico que a mí a veces se me hacía cuesta arriba captar el sentido de términos nunca escuchados en estas tierras valencianas, ni en Sueca, ni en Elx, ni en Alacant. La autora comenzó su andadura como poeta con su libro Bèstia (2012), que ya obtuvo el Premio de Poesía Amadeu Oller para poetas inéditos, y que se tradujo al inglés, al italiano y al castellano. Su primera novela, Els dics (2018), fue un parto largo. Tardó tres años en prepararla como si fuera un proyecto artístico, según la wiki. La que ahora comento ha ganado numerosos premios, el de Anagrama de novela en catalán y el Premio de Literatura de la Unión Europea. Se ha traducido a una veintena de idiomas, lo que da idea de su aceptación. Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres (2023) es su último título.
Y la primera reflexión que se me ocurre es la sorpresa que me ha producido su lectura. ¿Por qué? por lo novedosa que me ha parecido la multiplicidad de voces, los cambios de temporalidad: "Que t'ensenyaren a llegir en català d'amagades" (pág. 31), supone más de cincuenta años atrás; la alternancia de distintos narradores, unos humanos, como un corro de brujas, y otros que forman parte de la naturaleza, los animales, como el cabirol, una perra, como Luna, o un oso; o las montañas que están más allá de Camprodon o Molló, cerca de la frontera: "Aquest aroma de terra i d'abre i de matí [...] la bellesa que fa mal a l'ànima, d'aquestes muntanyes mitològiques" (pág. 63); también la lluvia, el bosque; y por la oralidad que trasmiten muchas de sus narradoras "I jo li dic, dona, no ploris Margarida" (pág. 27). De donde se desprende lo coral que es la novela. El conjunto se aleja claramente de lo que uno suele leer en la literatura actual en castellano. De todo ello provenía la sorpresa.
Otro de los elementos capitales de la narración es la incorporación muy bien traída de leyendas populares de la zona y de la narrativa tradicional, que se van engarzando en capítulos no demasiado largos. Todo ello enmarca una historia de amor, o tal vez más de una, más que vividas, recordadas. Sió, una de las protagonistas, pareja de un silencioso Domènec, del que dice: "A mi em va agradar primer pels cabells, el meu marit. Després pels poemes" (pág. 30). Y vuelve a sorprender la presencia de un campesino montañés amante de la poesía, y de una mujer capaz de apreciarla: "Jo volia un home que estimés la terra i també les idees" (pág. 31); con la tragedia inicial provocada porque "un llamp el va atravessar pel mig com a un conill" (pág. 29); ella es capaz de definir la presencia de su hija Mia de este modo: "Que havia pres forma, l'amor, deia" (pág.33); o de expresar la intensidad de un orgasmo con una metáfora potente: "Quan m'esclatava dintre el pet de llop" (pág. 36); o de confesar: "Verí enganyós és l'amor" (pág. 37). Todo un personaje, la Sió.
Y de la misma forma que se encuentran granadas perdidas, semienterradas, del tiempo de la Guerra Civil, se nos dice que a esos pueblos montañeses llega el Bibliobús, y que "vam publicar missatges a Facebook" (pág. 177), lo que habla de actualidad para la historia de amor de dos mujeres, o la de Mia, la carnicera, "feta d'un equilibri com el de les brases, que et fa estar tranquil, que et fa tornar a tenir ganes de riure" (pág. 134), que perdió a su hermano Hilari, amigo de Jaume, que "ens va explicar que son pare era mig home i mig gegant i que la seva mare era una geganta sencera" (pág. 173), y que está enamorada de un hombre más joven que ella, Oriol, que escribe una novela y que tuvo un "accidente", que acabará desvelando. Hay mucho de poesía en la manera de escribir de Solà, en la manera de mezclar sueños y realidad, vivos y muertos, animales y personas, follets i bruixes, lo que dificulta entrar en el libro, pero que luego acaba atrapando. Esta escritora ha mostrado una valentía narrativa poco común. Y eso se agradece. Así pues, lectores "clásicos", abstenerse. Quienes quieran bucear en ese mundo mágico del Pirineo, ¡Endavant!
José Manuel Mora.
Dejo aquí este vídeo por ilustrativo de la novela y por que es una muestra de su concepto del audiovisual.
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