Una rareza
Ni sé por dónde me llegaron el título, el autor, la información. Además no está traducida aún al español. Lo que sí tengo claro es que, de no ser por mi amiga Francette, me hubiera resultado difícil conseguirla y poderla leer. Shapland, Anthony. Une chambre au-dessus d'un magasin (A Room Above a Shop en su título original de 2025). Paris: Éditions Philippe Rey, 2026. Traducido del galés al francés por Romaric Vinet-Kammerer. 171 págs.
Siguen las extrañezas. Se señala en la página de créditos que está traducido del galés, idioma de origen celta, diferenciado del canónico inglés oficial. No sé si eso tendrá que ver con el tono de la traducción, en muchos casos trufado de argot francés, que seguramente se corresponde con el usado por el autor en el original. Si mi francés, después de tantos años en desuso, estaba un poco rouillé, tal vez ha sido algo pretencioso querer leer el libro cuajado de dificultades léxicas. La curiosidad me ha podido sin embargo. No he buscado cada término desconocido, porque no hubiera acabado nunca, pero sí he de decir que he sido capaz de seguir la trama, que era lo que me interesaba y también la manera de estar escrita, el estilo del autor, aunque fuera traducido.
Un pueblecito minero. Dos personajes que no tienen nombre, tan sólo iniciales: M, comerciante cuarentón con una hija de 16 años; B, once años más joven. Ambos se han encontrado en la fiesta de fin de año y el primero le ha dejado una cita: le 31, à midi, 1987. El lugar del encuentro es en lo alto de un picacho a las afueras: "Un endroit où être seul avec le sentiment de ne pas être comme les autres" (pág. 15). Hay pues desde el principio una conciencia de ser diferente y de la necesidad de ocultar esa diferencia. También la ubicación temporal de la acción es importante para entender a los personajes, sus reacciones y las de su entorno, en plena época de la Thatcher, de triste recuerdo. El punto de vista es el de B, aunque narrado en tercera persona. Hay en él "la faim d'un autre corps, qu'une autre personne sache, de s'assurer de ce qu'il sait, de le partager" (pág. 23). Hay pues una necesidad de compartir sentimientos escondidos, ya que se es consciente de formar parte de lo que la gente del pueblo denomina en forma de eufemismo, como ces hommes là (en cursiva en el libro), sont une menace. Des enculés, condenados, según ellos, au feu éternel. Des pécheurs, des sodomites, anormaux et dépravés [... no sólo opinión de los pueblerinos, también de la prensa]. Les journeaux hurlent des abominations, c'est une maladie, un cancer [...] ils doivent disparaitre dans le cloaque q'ils ont eux-mêmes créé (págs. 33 y 34). La cita es larga porque ayuda a entender la necesidad de ocultación en la habitación que se encuentra encima de la tienda, auténtico refugio donde poder vivir su historia cachée à tous. Aunque la despenalización de la homosexualidad en Reino Unido data de 1967, el gobierno de la Dama de Hierro y la llegada del sida en los 80 endurecieron la situación.
La manera en que el autor va mostrando la cotidianeidad de esas dos personas, obligadas a presentarse como ajenos uno del otro ante la clientela de la tienda y ante el resto de convecinos, debido a la vergüenza que ser como son les provoca y, al mismo tiempo, el modo en que la sensualidad íntima mezclada con el miedo les lleva a disimular constantemente sus sentimientos, está conseguida por Shapland con una gran economía expresiva. Tal vez por esa concisión resulta más conmovedora la vivencia de ambos: "Ils vivent dans un seul espace serrés l'un contre l'autre et cachés dans l'obscurité" (pág. 68). Que dos adultos tengan que vivir escondidos en el altillo de una tienda compartiendo la estrechez de una cama individual da idea de cuál era la situación en la época. "La peur les rapproche" (pág. 89). Bien triste, aunque con hermosas descripciones de los parajes de Gales, cuya naturaleza oculta a los amantes cuando logran salir del su agujero. Como dice en la solapa John Self: "Memorable, saisissant, sombre, beau". Creo que me ha merecido la pena el esfuerzo. No me importaría releerlo si se traduce al español. Sé que esta reseña es minoritaria, pero como ya he dicho en ocasiones, escribo para no olvidar lo leído. Merci, Francette.
José Manuel Mora.
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