Ohrid
El desayuno aquí se sale de lo habitual. Hubo que pedirlo ayer al llegar, mirando fotos de una "carta". No todos están contentos. El zumo es aguachirle. Se salva el café. Salimos con una guía local que habla la friolera de trece idiomas. El bus nos lleva bordeando este lago que aspira a mar y que es uno de los más antiguos del mundo. Su profundidad alcanza lo 300 m. de aguas de enorme pureza, ya que se nutren de ríos y de las que provienen del Prespa que ya vimos ayer. Comparte riberas con Albania, cuya costa vemos enfrente. A nuestras espaldas queda el macizo de Galichica, con alturas de más de 2000 m. Para hacerse una idea, dejo las medidas en kms: 30 de largo por 14 de ancho. Vamos a la Bahía de los Huesos, cuyo poblado visitaremos. Dicen que es el destino más seductor del país.
Antes de regresar a la ciudad, nos proponen visitar el monasterio ortodoxo de S. Naum, uno de los 365 que llegó a tener la localidad. No sé si bien conservado o magníficamente restaurado, con sus tejas y sus ladrillos rojos que le dan personalidad. Los otomanos lo destruyeron y se reconstruyó ya entre el XVI y el XVII. En su interior lucen pinturas parietales al fresco, que se consideran de las mejores que se pueden ver en los Balcanes. La Marededeu de la cúpula octogonal sustituye al pantocrátor habitual. En una capilla lateral, a la que se accede por una puerta estrecha y baja, se penetra en lo que se supone la tumba del santo.
La misma barca nos lleva hasta el restaurante, el "Mo Mir". Nos dan sopa de pescado y trucha asalmonada con patatas, lo que algunos agradecemos. De postre una crema achocolatada con nueces. La sobremesa se alarga entre risas y comentarios sobre la experiencia vivida, pero hay que hacerse el ánimo y comenzar la visita del pueblo entre las casas decimonónicas que ya vimos anoche. Entramos en la iglesia ortodoxa de S. Clemente y S. Pantaleimón (s. VIII). En su interior los frescos me parecen algo oscuros y algunos muy deteriorados. El primero fue discípulo de Cirilo y Metodio, creadores del alfabeto cirílico, con la intención de traducir la Biblia para los pueblos eslavos.
Hay que armarse de valor para encarar la empinada cuesta que lleva a Santa Sofía (s. XI), convertida en mezquita en su momento, y por lo tanto raseada. Allí se nos dice que está prohibidísimo hacer fotografías. Es una lástima porque las pinturas prerrenacentistas (s. XIV) son bellísimas y suponen una ilustración completa del Antiguo y el Nuevo Testamento. Era la manera de que los iletrados de la época tuvieran acceso a las historias bíblicas. Nadie se atreve aquí a piratear fotos. Y a pesar de la prohibición, encuentro en mi ábum de fotos estas dos que dejo. San Guguel dice que corresponden a la catedral. ¡Qué lío tengo en mi cabeza, a pesar de la bitácora! Consecuencias de escribir de noche y cansado.
La visita guiada termina entonces. Podemos hacer la bajada con tranquilidad y cada quien a su aire, deteniéndonos en los rincones que nos llaman la atención y conscientes de que se han quedado muchas cosas en el tintero. Las calles se ven diferentes a la luz del día. Dejo aquí una muestra de algo que vimos anoche con otros ojos.
Buscamos una barbería y nos adentramos en el "tontódromo" que ya paseamos anoche. Tiendas de ropa, zapatos y sobre todo joyerías, que no nos atraen en absoluto. Encontramos un peluquero con cola en la calle formada por varones y señoras. Atiende a todo el mundo con la misma profesionalidad. 8€ cuesta pelarse. Con un sol cada vez más suave bajamos hasta la plaza. Hay una escultura potente que hace que me acerque. Consigo deletrear la inscripción en cirílico. Se trata de Metodio y Cirilo con la Biblia en su alfabeto sostenida por los dos. Allá arriba queda la fortaleza sin visitar, como tampoco hemos tenido ocasión de ver una de las que se han convertido en postal de la ciudad, S. Juan Kaneo.

José Manuel Mora.
















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