Balcanes XI

Skopje

Hoy también hay trayecto largo de bus. El paisaje sigue levantado y frondoso. Nuestro destino, la mayor ciudad de Macedonia: Skopje (léase, Eskopie). Paramos en la zona otomana, junto a una mezquita inmensa, la de Mustafá Pasha. Mientras la guía explica, van llegando los fieles que han sido llamados a la oración mediante la melopea del imán a través del altavoz que corona el minarete. Al tiempo que realizan sus abluciones, entramos en un espacio vacío, hermoso en su sencillez.



Al salir, nos dirigimos hacia el bazar turco, uno de los más antiguos de Europa. Ahora lo vemos algo desangelado, tal vez por el calor. Observamos muchas mujeres cubiertas con pañuelo. La guía me dice que muchas de ellas tienen abuelas que iban descubiertas. Señala que la vuelta al pañuelo puede deberse a la influencia del dinero saudí. El 60% de la población es ortodoxo y un 30% musulmán. Al parecer los matrimonios mixtos son frecuentes. Desde Tito la religión pasó a ser un asunto privado.



Vemos las cúpulas achatadas que suelen corresponder a un hammam. Y entramos en él. Pronto nos damos cuenta de que ha cambiado su función y se ha convertido en un espacio expositivo con muchas salas, que mantiene su estructura arquitectónica anterior. 



Y, bajo un sol de justicia, sobre un firme de teselas de mármol blanco que devuelven el calor, cruzamos el "puente de piedra" sobre el río Vadar. Llegamos a la parte nueva de la ciudad, toda ella de la época de Tito, ya que lo anterior fue destruido por un terremoto en los sesenta. Todo es grandilocuente: los edificios oficiales, las fuentes, que han sido levantados en los últimos años bajo un gobierno de derechas que ha dejado entrampados con préstamos a los pobres macedonios in aeternum. Las esculturas de Filipo y Alejandro son un auténtico despropósito, imposible que lleguen a emocionar, como el David miguelangelesco florentino. 


















Más allá vemos una iglesia ortodoxa, de factura moderna, por los materiales usados. Su interior aún está en periodo de acabado pictórico. Una lámpara "de oro" refulge con destellos dorados bajo la cúpula.



Está programada la visita a la casa memorial de Teresa de Calcuta. Como no me interesa demasiado el personaje, y esto es un blog "personal", señalo que recorro las estancias sin detenerme demasiado. La comida es abundante y me resulta sabrosa. Una vez más es momento de comentarios, chascarrillos y bromas. El cansancio no parece hacer mella en nosotros. 


A lo lejos queda la fortaleza que domina el conjunto, Tvrdina Vale. Y salimos de esta ciudad demasiado industrial y ruidosa. La frontera con Kosovo se cruza con rapidez. Las montañas se han ido redondeando y están sembradas de pueblitos discretos, de tejados rojos. Este pequeño país quiere entrar en la UE, tras auto proclamar su independencia de Serbia en 2008. No hay quórum para que puedan hacerlo. Cuenta con una población numerosa de albaneses. La nueva cadena montañosa mezcla el gris y el rosa, con manchas de paletadas de nieve.


Llegamos a Prizren. El bus no puede acceder hasta el hotel, que queda a dos pasos. En el recorrido nos cruzamos con una auténtica multitud de gente: muchachas con velo y sin él, jovenzuelos en grupo, ejerciendo de adolescentes, todos muy arreglados. Atravesamos el puente y, a pesar de la falta de luz, las aguas se ven transparentes. Hay una mezquita bellamente iluminada. Todo contrasta, a su favor, con el mamotreto capitalino de la mañana.


Tras dejar las cosas en la habitación, salimos en busca de un helado. Hace una temperatura agradable. El camata, casado con una mexicana, habla buen español charro. Paseamos luego hasta la mezquita, abierta a estas horas. Están en pleno rezo. La frescoreta nos hace regresar.

José Manuel Mora.

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