Blossoms Shanghai, de Wong Kar-Wai

Exotismo oriental

Desde abril no he comentado ninguna serie. Parece que la fiebre que infectó a tanto seriéfilo ha ido decayendo. No es tanto de extrañar dada la sobreabundancia, y a que cada vez más su producción y rodaje se han estandarizado. Sin embargo el nombre del creador de la que voy a comentar hizo que me adentrará en ella. El chino-hongkonés Wong Kar-Wai dirige Blossoms Shanghai junto a Ronald Zee, en una coproducción entre Hong kong y China, lógicamente, a partir de la novela de Jin Yucheng, que naturalmente desconozco. Es de 2023 y la primera temporada tiene la friolera de quince episodios, más otros tantos de la segunda.  Se puede ver en Filmin


¿Por qué, pues, me he adentrado en ella, cuando además al verla después de cenar he de pelearme con el sueño que me provocan los madrugones? Pues porque su autor me conmovió profundamente con  su película In the Mood for Love (Deseando amar, aquí en el año 2000). Vi con posterioridad otra peli suya anterior, ésta más terrible, Happy Together (1997). Así pues esperaba buena factura y el atractivo de una cultura tan lejana y tan diferente a la nuestra. No sabía nada de la cuestión argumental.


Indudablemente el protagonista absoluto es el inicialmente conocido como Ah Bao, convertido a lo largo del metraje en "Sr. Bao", gracias a su actividad empresarial, y no sólo. Lo encarna con una convicción absoluta el actor Hu Ge. Su hermetismo confiere al personaje una fuerza contenida de la que se puede esperar cualquier cosa. No sería quien llega a ser sin la ayuda del Tío Ye, (You Benchang), buen representante del "capitalismo socialista" (valga la parajoda), que le permite convertirse en un experto en comercio exterior, capaz de jugar con la bolsa tanto en momentos álgidos, como cuando ésta se despeña. De todo ello sale siempre bien parado. En torno a él un grupo humano de bellísimas mujeres: la experta y valiente señorita Wang (Tiffany Tang), la emprendedora y excelente cocinera Ling Zi (Ma Yili), la enigmática Mme Li Li (Xin Zhilei) y tantas otras que se mueven en una calle que parece sacada de un musical neoyorquino, gracias a la dirección artística que resulta asfixiante por momentos. A ello contribuye la opción tomada por el director de filmar a través de cristales biselados que desdoblan la imagen, de rodar cámara al hombro a un ritmo trepidante  que por momentos resulta difícil seguir, aunque lo salpique de analepsis que pretenden recordar situaciones que podrían explicar lo que vemos.  


No siendo yo ducho, ni estando interesado en los vaivenes de cualquier bolsa de valores, me quedo fuera de tanta carrera de la gente para comprar o vender acciones de forma desaforada. Otra cosa que me ha dificultado seguirla con claridad, además de mis ataques de sueño, es la dificultad para diferenciar a veces a los distintos personajes. Es cierto que hay algunos que atrapan por su naturalidad, como el Sr. Fang (Dong Yong), pero el batiburrillo es tan tremendo, los gritos constantes, histéricos, de muchos de ellos, el afán de dinero, todo ello acaba enturbiando las posibles y nunca concluidas historias de amor, o los ambientes populares que están bien captados. La banda sonora acaba por grabarse en los oídos por su recurrencia, aunque la frase musical sea de gran lirismo y algunos digan que está inspirada en la que N. Britell compuso para Succession. En definitiva, los amantes del "orientalismo" y de las historias enrevesadas tienen dónde hincar el diente. Yo la he acabado de ver a pesar de lo señalado, pero tal vez sea más conveniente para las tardes de agobiante calor en estas vacaciones, que para después de cenar. Allá cada quien. 

José Manuel Mora.


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