Gaza, antes y después del 7 de octubre, de Daniel Peral

 El horror, el horror

Mi hermano ha decidido que debo tomar conciencia y me ha regalado por mi cumpleaños un ensayo periodístico. No suelo leer este tipo de literatura pero, acuciado por él, me he puesto a la faena. Peral, Daniel. Gaza, antes y después del 7 de octubre. Madrid: Editorial Escritos Contextatarios, 2026. 190 páginas. El juego de palabras de la casa editora ya señala un doble objetivo, protestar a partir de la documentación. La foto de la cubierta corresponde a las manos de un diseñador judío, allá por 1936. Resulta chocante tras la lectura del libro.


El autor, Peral (Madrid, 1950), es un periodista de radio, televisión, que ha solido ejercer como corresponsal destacado en Berlín, Jerusalén, Nueva York y Lisboa. Ahora colabora en prensa nacional. Sabe pues de lo que habla. Su estilo es conciso y sobre todo bien documentado. Pienso que en esta reseña voy a superar con mucho el número de las que suelo incorporar. La razón, no olvidar el horror del que hablaba en el título y dejar constancia, para quienes no se vayan a adentrar en el libro. Que nadie pueda decir "yo no sabía".


Y aquí dejo una anécdota personal que puede resultar ilustrativa. Cuando llegué a Valencia con 18 años, en 1966, no leía yo por entonces demasiados periódicos. La tele franquista filtraba la información y mi conocimiento de aquel lejano territorio se reducía a la referencia bíblica, "está tierra os daré", y a la película "Éxodo", que tanto me conmovió. Pero en el colegio mayor coincidí con un estudiante de medicina que provenía de aquellas tierras. Con serenidad y tristeza decía que los israelitas le habían arrebatado su país, después de siglos viviendo su pueblo allí. Empecé a ver el asunto con otros ojos. Y me di cuenta de que sin saber historia, uno no podía acercarse a la problemática de aquellos territorios. Y empecé a saber que el conflicto tenía un origen colonial. Durante la I Guerra Mundial, en 1916, Francia y Gran Bretaña se repartieron el territorio dominado por los otomanos. En 1947 la ONU dividió Palestina en dos estados, uno para los israelitas (habitantes de un estado, no confundir con "judíos", una raza), y otro para los árabes, que fueron entonces expulsados y despojados de lo que tenían más de 700.000 palestinos, en lo que ellos conocen como la nakba, la "catástrofe". El mapa es el que dejo a continuación. Y de aquellos polvos, estos lodos.


Hay otra fecha que no se debe olvidar: 1967. Fue cuando se produjo la naksa, el "retroceso", tras la Guerra de los Seis Días, que llevó a la expulsión de más de 300.000 palestinos de sus tierras tras la ocupación de Cisjordania y Gaza por parte de Israel. En 1977 los socialistas en el gobierno fueron derrotados por el Likud de M. Beguin, partido conservador. "Aquel fue el momento histórico en el que Israel basculó: de la vieja época laica se pasó a la conservadora aliada con la derecha religiosa nacionalista que proclama [hasta hoy] que hay que arrasar Gaza y expulsar a los palestinos de Cisjordania" (pág. 136). Y así llegamos a la afirmación del judío George Santayana, filósofo español admirador de Spinoza: "El mayor peligro de las religiones surge cuando éstas se interpretan en sentido literal y estricto, pues entonces la religión se convierte en fanatismo opresivo, intolerancia y superstición" (pág. 93). O a esta otra reflexión del profesor Zimmermann, judío también, "[1967] Cuando la idea del territorio bíblico empezó a cundir y a dominar políticamente. El romanticismo es una tendencia peligrosa" (pág.142). Creo que eso es lo que lleva sucediendo desde hace mucho tiempo. Y surge como consecuencia la O.L.P. de Y. Arafat, ya en 1964, organización laica, pragmática, negociadora. Y frente a ella, en 1987, Hamás, Movimiento de Resistencia Islámica, en la franja de Gaza, a raíz de la primera intifada, el levantamiento popular palestino que duró hasta 1993 y que culminó en los acuerdos de Oslo.  


Pero habrá que dejar de hablar de historia y pasar a lo que es el título del libro, con la fecha capital del 7 de octubre de 2023, la del ataque terrorista de Hamás a poblaciones israelíes con más de mil personas muertas, civiles y militares, y centenares secuestrados y llevados a la Franja. Como consecuencia, Netanyahu, acosado por protestas populares y juicios pendientes, "desencadenó la mayor matanza de las últimas décadas en el mundo, si no la peor" (pág. 73). Se cifra en 70.000 las víctimas reconocidas por Israel en 2026, el 80% de ellas civiles, y el 40% niños. Amira Haas, periodista israelita declaraba: "¿Cómo puede permanecer impasible la sociedad israelí ante la muerte de tantos niños?" (pág.85); "¿cómo el mundo pudo aceptar esta masacre que estaba ocurriendo en directo?" (íbidem), piensa el autor. Porque lo hemos estado viendo cada día en los telediarios, sin que nos acabaran provocando arcadas las imágenes de la destrucción de escuelas y hospitales. A ello se acabaron uniendo los disparos contra periodistas palestinos, 250 en dos años, junto con 200 cooperantes, acusados siempre de ser cooperadores de Hamás. "No se trataba sólo de las balas y las bombas, concluía una delegación demócrata del Senado de Estados Unidos que visitó la región, se trataba de limpieza étnica" (pág. 23). Todo ello concluyó con la hambruna terrible cuando Israel prohibió la entrada de ayuda alimenticia. Incluso ante el Tribunal Internacional de la Haya, "Suráfrica acusaba a Israel de llevar a cabo una campaña genocida en Gaza" (pág. 150). Y Annah Harendt, poco sospechosa de antisemitismo decía  que "los judíos trataban a los palestinos de una manera que debía ser condenada por el mundo entero" (pág. 122). A todo ello se añade la llegada de 600.000 colonos a los territorios expropiados a palestinos, protegidos por el ejército, lo que hace imposible la existencia del viejo mantra "dos países". 

A la masacre de Hamás le ha seguido la destrucción de la Franja, convertida en un campo de concentración a cielo abierto. "¿Dónde y hasta cuándo se mantendrán las fuerzas israelíes? ¿Quién va a pagar la reconstrucción?" (pág. 13) se pregunta Peral. Ningún bando ha vencido, no ha habido capitulación. La imagen de Israel se ha deteriorado frente al mundo. "No se afronta el problema principal, la causa palestina", dice Peral. Su libro, como se señala en la contracubierta es una combinación de testimonio, análisis y denuncia. Dolorosamente esclarecedor, como que hoy reconozca el ejército israelí que disparó contra el coche en el que viajaba Hind Rajab, la niña de cinco años que  pidió socorro sin que le sirviera de nada. 

José Manuel Mora. 

P. S. Al tiempo estrenan en Alicante Palestina 36. Me parece que será un buen colofón a esta lectura. Seguiremos informando.




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