Hace tiempo que no voy al cine, y eso que hay material en la cartelera que tengo pendiente. Y una vez más Filmin lo ha vuelto a hacer. Una rareza, ver cine portugués en las plataformas. La risa y la navaja (O Riso e a Faca, 2025) es una peli de la que no había oído hablar, tampoco de su director, Pedro Pinho, coautor junto a un colectivo de diez guionistas. Ha sido multipremiada en muchos festivales, en el de Cannes se presentó en la sección Un Certain Régard. Cuando vi que se trataba de tres horas y media de duración, decidí que le dedicaría una tarde. Después de la cena necesito cosas más leves. En las salas parece que se proyectó en su estreno una versión reducida. La plataforma la ofrece completa, atendiendo a la voluntad rupturista de lo estándar del director. Y no sólo es la duración, sino la densidad de los temas que trata, como comprobé en cuanto me puse a verla.
El arranque parece situarnos en una road movie. Un coche y su conductor por unos paisajes desérticos, imposibles. Cuando por fin llegue a una ciudad y oigamos hablar en portugués, empezaremos a preguntarnos dónde se desarrolla la acción. Sergio (Sérgio Coragem) es un ingeniero bienintencionado al que entiendo cuando fala português, pero no a quienes lo rodean, al expresarse con acento de Guinea-Bissáu, antigua colonia, que es adonde llega para trabajar en un informe sobre la construcción de una carretera entre la selva y el desierto, que atraviesa una marisma, una reserva natural, y para explorar la reacción de aquellos que se verán afectados, lo que hace que tenga que visitar aldeas perdidas y conocer así la realidad de los que no viven en ciudad, que lo reciben con una mezcla de curiosidad y a veces con hostilidad. ¿Qué puede ser más importante para ellos, el progreso o la sostenibilidad? La aventura inicial se va transformando en una reflexión política, no sólo sobre esa disyuntiva, sino sobre el papel de la colonización que los países europeos ejercieron sobre medio continente africano (¿medio?). A ello se añade, desde el principio, un personaje desconcertante, con una capacidad de transformación increíble, Diara (Cleo Diára, actriz caboverdiana asentada en Portugal), y un brasileiro que suele ir travestido, Guy (Jonathan Guilherme, curiosamente exjugador de voleibol y en su primera actuación ante las cámaras), y cuyo propósito no parece otro que disfrutar de la vida a todo lo que ésta pueda dar, entusiasmo el de ambos que acabarán contagiando a Sergio. Todo ello hará que tenga que plantearse su estancia allí, su tarea, la presencia neocolonial cuestionada, su auténtica manera de estar en el mundo, blanco rodeado de población negra. Como guinda a todo este embrollo temático, el descubrimiento de que el ingeniero anterior, un italiano, ha desaparecido misteriosamente, lo que le añade un aporte de thriller.
Una de las palabras que podrían definir la cinta es el constante contraste entre modos de vida, entre la aldea y la ciudad, entre la riqueza y la pobreza, entre unas mujeres y otras, entre trabajadores y oenegés (genial la crítica divertida a quienes llegan a traer un retrete a un poblado y la pregunta de una mujer de la aldea sobre si es cierto que en occidente echamos agua potable al inodoro), de ahí el título que le he dado a la entrada. Puede resultar al principio algo complicada de seguir, pero pronto uno decide que hará como el ingenuo protagonista, se dejará llevar. El papel fundamental en ese arrastre lo tiene la multifacética Diara, su belleza, su desenvoltura, su capacidad de lucha, su libertad mental, su acierto en proponer preguntas que harán que Sergio tenga que plantearse muchas cosas de su vida anterior y de la presente.
“Es siempre la misma historia; venís aquí, con vuestro cariño y vuestro afecto, y queréis sanar las heridas que nos habéis causado vosotros mismos”. Esta frase es de los primeros bofetones que la realidad africana le irá dando al recién llegado. El hecho de que la mayoría de quienes actúan en la cinta no sean actores profesionales, sino gente "de verdad", hace que tenga a veces un tono documental. El guión está tan bien estructurado que a veces se tiene la sensación de ver algo que no ha sido escrito previamente, sino que se está filmando in situ de forma espontánea. El grupo queer que Sergio no esperaba encontrar en la áfrica profunda supone un ejemplo de lo que es luchar por la libertad de ser quien se es, lo que le hará replantearse muchas cosas. La peli supone un cuestionamiento de la presencia colonial de las distintas metrópolis y de la fugaz aparición, pero importante, del capitalismo extractivo a través de la corrupción local, que no piensa dejar títere con cabeza, as usual. Uno se siente también interpelado, lleno de las mismas contradicciones que vive el protagonista. Dejo aquí esta foto de la peli como muestra de los contrastes que presenciamos, junto con las escenas de discotecas o las de masculinidad tóxica de los trabajadores portugueses en la cantera.
Además de los actores no profesionales que hacen su aparición y que le dan tanta verdad, la peli no tendría la fuerza que posee de no haber sido por la actuación del trío protagonista, dos de ellos profesionales y el tercero no. Todos actúan desde la verdad de sus propios cuerpos, de sus miradas, de sus palabras, ante las que Sergio se queda muchas veces mudo. La cinta tiene en cierto sentido un final abierto. No me hubiera importado seguir el trayecto de estos personajes tan auténticos, tan vivos. Si se tiene la plataforma, es una buena opción para una tarde de finde. Muy recomendable.
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