Mr. Turner, de Mike Leigh

Un pintor, nada más.

Después de la sequía navideña, con la consiguiente cartelera infame, supuestamente infantil, supuestamente juvenil/descerebrada, retomo  la sana costumbre de ir al cine. Y me encuentro con dos sorpresas: que proyectan algo que en la cartelera on line no aparecía (ergo, no siempre hay que fiarse de la información electrónica; a lo peor, de la otra tampoco), y que la sala está bastante llena, tras las últimas sesiones con el cine casi vacío. El público es "selecto". Se trata de Mr. Turner, de Mike Leigh, de quien soy seguidor empedernido desde su admirable Secretos y mentiras (1996), que consiguió emocionarme hasta los tuétanos. El secreto de Vera Drake (2004), mucho menos complaciente, era desgarradora como la vida misma. Y las referencias que tenía de su último filme me lo hacían enormemente atractivo.


Convivir con un pintor permite conocer el proceso creativo desde fuera, pero no el complicadísimo proceso que lleva al artista  al gesto de un trazo, a la elección de un color, al acabado de una textura. Por no hablar de la elección de la temática, si es que se trata de pintura figurativa. Puede rastrearse también el camino de las influencias, si es que se conocen sus gustos, o los pintores a los que ha frecuentado anteriormente. Pero el acto creativo permanece misterioso, tanto en literatura, como en música o pintura. Da igual conocer al ser humano que sostiene los pinceles, saber sus fobias, sus afectos, sus debilidades, o la generosidad de su entrega. Como decía Federico (García Lorca, off course), "la inspiración ha de cogerme trabajando". Frase que me parece más justa que la boutade picassiana del "no busco, encuentro". Estoy seguro de que la tarea documental previa del director sobre la figura del pintor británico ha debido de ser exhaustiva, no en balde el guión es del propio Leigh. Sin embargo parece que la opción ha sido mostrar más la superficie de la vida del artista que su posiblemente atormentado mundo interior, al menos de forma expresa. Es cierto que la aportación a la fotografía de D. Pope resulta impagable para imaginar ambientes y luces.


Conocemos las rencillas en el interior de la Real Academia, a la que perteneció; las peleas por el lugar de colocación de un cuadro a la hora de exponerlo (tan real como la vida misma, lo he vivido); las condiciones físicas en las que se pintaba en el inicio del s. XIX, tanto en interiores de amplios ventanales, como en exteriores que se empezaban a recorrer en busca de inspiración; los viajes a Europa y más concretamente a Italia, eran de obligado cumplimiento para pintores y escritores: el famoso tour; las dificultades que atravesaban quienes querían dedicarse a la profesión y no siempre conseguían el reconocimiento... Todo ello está plasmado de manera impecable y con una precisión en la ambientación, típica de las grandes producciones británicas. Sin embargo...


Nada sabemos de la formación del artista, J. M. W. Turner (1775-1851), ni de la ausencia materna o del afecto desmedido por su padre, o del desprecio absoluto por quien fue su mujer y las hijas que tuvo con ella. Nada se nos dice por boca del pintor respecto a sus opciones pictóricas, aunque sí resulta emocionante la donación de toda su obra al Estado para que pueda ser vista en su conjunto, o la que fue su última frase en su lecho de muerte: "El sol es Dios". Turner se humaniza en su relación con la viuda a cuya casa acude, o en su sensibilidad musical, y se deshumaniza ante nuestros ojos en su relación (?) con su ama de llaves, personaje silenciosamente expresivo que lo acompaña a lo largo de toda su trayectoria vital. No hay grandilocuencia en el tratamiento del personaje ni tampoco mitificación. La vida que lo rodea es tan desasosegante como sería en realidad la del común de los mortales de su época. Es cierto que a partir de ahora ya no podré imaginar al pintor si no es con  el rostro de Timothy Spall, que si ya me parecía grande, aquí acaba comiéndose a su personaje con sus gruñidos tan enormemente expresivos o sus pasos desmadejados. He aquí lo que en teatro se entiende por "encarnar" a un personaje, justamente, darle la propia carne. Creo que le han dado el papel de su vida.


El pintor tuvo una formación romántica, aunque es evidente la distancia que lo separa de otro grande y contemporáneo suyo, Constable. Un elemento de lo romántico es lo sublime, presente en Turner, como también en el alemán K. Friederich; también su relación con una Naturaleza relajada o tempestuosa (impagable la secuencia en la que se hace atar al palo mayor de un barco en plena tormenta, cual renovado Ulises). Su larga vida le permitió coincidir con escuelas pictórica sucesivas. En los realistas, con su afán por capturar la luz, lo que les lleva a su vez a salir a buscarla a la naturaleza, está el germen de los impresionistas. Y aún podría uno ir más allá. Ante un lienzo de Turner, de los de gran formato, la vista puede detenerse en un rincón de la tela en el que las pinceladas son de una fuerza gestual de la que carecían sus contemporáneos. El expresionismo del s. XX  tiene también mucho de gestual. Incluso en algunos momentos pienso en ciertos informalistas. Esa sensación de obra inacabada, que en algunos casos está ciertamente incompleta, me resulta enormemente sugerente, como 'el perro de Goya', otro adelantado a su tiempo. Lo inefable, lo que no puede ser dicho, alcanza la posibilidad de ser expresado en música y en pintura con más facilidad que a través de la palabra, salvo que ésta sea poética. Turner es un buen ejemplo de ello.


Hay, pues, en la película, la selección por parte de Leigh de la última etapa del creador. Y la sensación que me produce en tanto que espectador, es de cierto estatismo creativo. Las obras que se ven del artista aparecen de refilón y sin ubicación temporal, salvo ésta que reproduzco aquí arriba. Tengo la impresión de que Mr. Turner está pintando todo el tiempo el mismo cuadro, de que su carácter experimenta altibajos que sólo se expresan con un bufido, aunque la cara del actor sea altamente expresiva, de que asistimos a una maravillosa recreación de época. Las dos horas de duración no resultan pesadas, a pesar de lo dicho. La película me parece una aproximación a la figura del pintor que puede llevar a quienes no la conozcan a indagar más a fondo, a buscar en la red las múltiples reproducciones de sus obras, aunque los que gustamos de la pintura sabemos de las diferencias entre el original que vemos en directo y las distintas versiones que las fotografías de los cuadros nos proporcionan. He de añadir que, lamentablemente, no la vi en versión original, razón por la cual acompaño mi comentario del tráiler en V. O.

José Manuel Mora. 




Comentarios

aulaartisfigueras ha dicho que…
Por si no lo he dicho antes. Excelente blog y muy buen comentario de la peli.