Cataratas y fango
En los libros de literatura que manejé en bachillerato, la presencia de escritoras era circunstancial: Teresa de Ávila, Sor Juana, la Pardo, Rosalía, y ya en el XX, Laforet, Martín Gaite y poca cosa más. Muerto "el que te dije", sus nombres empezaron a sonar con mayor frecuencia e incluso Carmen Conde fue la primera en entrar en la RAE. Hoy en día las autoras copan las mesas de novedades. Y por si sirve de referencia, en los últimos tres años, un 20% de las reseñas de estos "libros recomendados", ha sido dedicado a mujeres que escriben: españolas, latinoamericanas, francesas, italianas, estadounidenses, como la que me ha tenido un mes entretenido. Oates, Joyce Carol. Niágara (The Falls, su título original). Barcelona: Ed. Penguin Random House, antes Lumen; 2025, aunque su publicación primera en los USA fue en 2004. Trad. Carme Camps; 712 págs con una foto de cubierta sugerentemente cinematográfica de John Rawlings. Y una última anécdota: las bibliotecas públicas ya no aceptan donaciones, y la gente que quiere deshacerse de volúmenes los vende como saldos, o los dejan abandonados en un banco, el famoso Book Crossing. En mi caso, el libro me lo ofreció mi quiosquero por el módico precio de 10€. Una ganga.
Y en ese momento se produce un giro en la narración, al pasar de la monotonía matrimonial a la problemática provocada por las industrias cercanas a la corriente del río: "Hay un desagradable fango negro que rezuma, como gasolina, pero más espeso" (pág. 301). Dos realidades que se dan la espalda, "la capital mundial de las lunas de miel [...] y la otra, simple conveniencia y fealdad creada por el hombre" (pág. 329), con la mayor concentración de fábricas químicas del país. Cuando Dirk se implica en la defensa de quienes padecen los males de la contaminación, "todo el mundo decía de él, un traidor a su clase" (pág. 375). Se pone de manifiesto "una alianza de dinero, procedente de las fábricas químicas, la corrupción política y judicial y la ceguera ecológica" (pág. 696). Sin ir más allá en el argumento, cada vez más crítico y apasionante, en la segunda mitad de la novela, ésta se centra en la vida de los hijos, ya en los años 70, lo que acaba suponiendo un retrato de la sociedad estadounidense de la época, con sus contradicciones y sus problemas.
El retrato de personajes es brillante, sobre todo el de la personalidad de Ariah, oscura y manipuladora, poco convencional, que se delata en sus monólogos silenciosos, reflexiones sobre ella misma, que nos la dan a conocer. Dirk es un hombre bueno, abogado de éxito que cambiará radicalmente cuando conozca a "la mujer de negro", afectada por la contaminación, para volverse luchador y generoso hasta límites insospechados, lo que lo acaba distanciando de su mujer. Los tres hijos irán descubriendo, cada uno a su modo, la figura del padre desaparecido. Son seres complejos, que se debaten entre sus contradicciones, que se quieren, aunque reaccionen de forma distinta ante el trabajo, los estudios o el amor. Acaba siendo un retrato de la middle class trufado de intrigas y emociones fuertes y con fuerza expresiva. Dejo un par de muestras: "El cielo era el azul cerámica brillante del invierno" (pág. 212); o bien, "La neblina se congela como lana de vidrio cubriendo los árboles" (pág. 608). Oates es más amiga de las comparaciones que del juego metafórico. En definitiva, trama intrigante y sociología bastante acertada, tal y como vemos que se siguen sucediendo las cosas en el ultraliberalismo en el que hemos desembocado tantos años después. El desastre medioambiental que aquí se narra ocurrió de verdad, aunque la autora señala que los personajes son ficticios. No lo es que el dinero y los intereses sigan mandando.
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