Quienes somos aficionados al teatro sabemos de una tradición no sé si exclusivamente de aquí: nombrar a las actrices grandes anteponiendo a su apellido el artículo. Lo que era un rasgo de lengua vulgar, se convierte en este ámbito en un título honorífico que sólo se les aplica a las que han llegado a lo más alto. Ese es el caso de Carmen Maura. Quien empezó siendo presentadora de televisión, divertida y ocurrente según el guión que le pasaban ("nena, tú vales mucho"), se convirtió luego en "chica Almodóvar" y fue capaz de incorporar a personajes variopintos, muy distintos entre sí, siempre muy intensos, tanto en tono de comedia como en drama. Tras su ruptura con el director y, aprovechando su correcto francés, comenzó a aceptar papeles en películas francesas que la convirtieron allí en alguien de renombre. Ahora, a sus ochenta años, ha aceptado un personaje que a mi modo de ver la encumbra definitivamente.
Calle Málagaes el último título de la directoraMaryam Touzani, marroquí, escrita junto a su pareja, Nabil Ayouch, y que ha sido también actriz. De ella ya viAdam(2019) yEl caftán azul (2022), que tanto me gustaron. Touzani es tangerina, conoce y ama su ciudad. Y lo pone de manifiesto desde la primera secuencia en la que Mª Ángeles (Maura) camina haciendo la compra por sus calles, saludando a los comerciantes en amazigh o en castellano, a quienes trata con la cortesía y el conocimiento de quien ha vivido siempre en ella. En ese paseo hay un canto sin música a la multiculturalidad como algo enriquecedor. Es una anciana que cuida su físico, que cocina muy bien, que es autónoma y apegada a sus costumbres. Todo se verá alterado con la llegada de si hija Clara (una Marta Etura que parece pensar tan sólo en ella, con una mirada vencida desde el primer momento), que tiene la casa a su nombre y necesita venderla dada su situación económica. La madre tendrá que ingeniárselas para no quedar confinada en una residencia de ancianos y para volver a la que sigue considerando su casa, porque tiene claro que de Tánger no se va a mover.
Hay un tercer personaje, el propietario de una tienda de antigüedades (Ahmed Boulane), que la ayudará en su propósito. Con este leve hilo argumental la directora plantea una reflexión sobre la vejez, la autonomía, los afectos, el apego a un lugar y a un modo de vida, la solidaridad vecinal, la posibilidad de volver a sentir afecto, de reencontrarse con el propio cuerpo olvidado. Todo ello se sustenta en la actuación soberbia de la Maura, capaz de aguantar primerísimos primeros planos llenos de expresividad contenida, casi sin palabras, y capaz también de llegar a un desnudamiento total para una entrega efectiva y creíble, llena siempre de la dignidad que no permitirá que le sea arrebatada, así como también mantendrá incólume su libertad. Y llega un momento en que no sabe uno qué admirar más si la rebeldía del personaje o la capacidad de la actriz para transmutarse en la vieja sin dejar de ser la Maura. Que hablada en español haya triunfado en Francia es otra de las cosas que informan de la popularidad de ella allí también.
Salvo algún exceso de guión, como lo de los partidos de fútbol en su casa y alguna que otra minucia, la peli me ha parecido una muy interesante reflexión sobre la vejez, la soledad, la autonomía, temas todos que voy viendo cada vez más cerca y a los que cada quien ha intentar acercarse con decoro y sensatez. En cualquier caso, un recital de la Maura. Inmensa.
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