Amor "romántico"
A pesar de tanto viaje, he terminado un libro que dejé mediado antes de irme y cuya cubierta me atrajo, aunque no tuviera referencia alguna ni del autor ni del título. Moragas, David. Fervor Amar. Errar. Aprender. O no. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, 2025. Trad. Lucas Gonzalvo; 317 págs. El subtítulo en un cuerpo menor viene así en la cubierta, una fotocomposición de Urano World Spain.
Pero toca hablar de literatura, no de cine. Ya la dedicatoria inicial da una pista de por dónde va a encaminarse la historia, por si el título no fuera bastante explícito. A todas las personas que han sobrevivido a un amor romántico. Y ya de entrada hay varios elementos formales que me llaman la atención: unos catalanismos del traductor que podían haberse evitado, "Ángel me explica (por me cuenta) que ha preparado espaguetis" (pág. 55); o bien, el vino negro, que en castellano llamamos tinto. Y otra, más rompedora, la ausencia de guiones para introducir los diálogos y separarlos de las reflexiones del narrador, quien en muchos momentos marca una direccionalidad clara hacia el supuesto receptor de su historia: "Pero no dejo de reír y tú también ríes" (pág. 25). Son pequeños detalles a los que el lector se habitúa enseguida. Un último elemento: Barcelona, como escenario de todo lo que sucede, sus barrios, sus playas, sus bares de ambiente... Porque efectivamente es esta una novela "gai", pronunciado el término a la catalana y no a la manera inglesa.
Un último elemento novedoso en esta clase de historias, que el protagonista no sea coherente ni irreprochable, aunque de entrada deje una reflexión que lo retrata: "El amor. El verdadero colapso del narcisismo" (pág. 11). A pesar de lo cual hay mucho de esto último en su comportamiento. También de la idealización en que se se puede caer cuando es deslumbrado por alguien. Bernat, "el hombretón que desde hace semanas se ha adueñado de todas mis fantasías" (pág. 51). Y, frente a esta mirada de enamorado, que tanto puede transformar la auténtica realidad de las personas, "Te encuentro bondadoso, honesto, paciente, sincero" (pág. 52), me ha gustado mucho la figura del amigo: "Adoro a Gerard [...] Somos como dos novios, exceptuando que no nos acostamos" (pág. 19). También, la sinceridad con la que el narrador/protagonista es capaz de expresar su euforia inicial, "Te pienso, te hablo y hablo de ti [...]. Fervor. Cuando te leo. Cuando te toco. Cuando te pienso" (pág.81); sus dudas sobre si será de veras correspondido, sus miedos en esa relación cuando media la distancia, a la vez que lo vemos desenvolverse en su ambiente familiar, con una madre cómplice y un padre que no está tanto como él desearía. Y ese espacio urbano tan reconocible para los que hemos disfrutado de la ciudad y que aquí son lugares de libertad: el Raval, el Gaixample, la Rambla, el Passeig de S. Joan... Lugares de citas, de encuentros, de borracheras, de sexo sin ataduras, siempre en consonancia con el estado de ánimo del narrador, desde su fascinación por la emoción compartida, a la vulnerabilidad de quien sabe que todo puede acabarse.
Y en ese diario emocional que es la novela, que se inicia a comienzos de verano y que concluye en el abril siguiente, el escritor va plasmando el carrusel emocional que el amor "romántico" (las comillas las coloco por lo que el adjetivo tiene de cliché) le provoca. Y una de las conclusiones a las que llega: "Hogar es donde alguien te quiera" (pág. 160), o dicho de otra manera, "la voluntad de cuidarnos siempre. Una amistad" (pág. 300), que acaba siendo un refugio seguro.
Y pongo punto y aparte porque mi última reflexión puede tener que ver con mi edad, con el hecho de ser rabiosamente analógico, cuando el narrador es rabiosamente digital. Todo empieza con un crush, signifique eso lo que signifique. Y se suceden las conversaciones vía whatsApp, los silencios inexplicables que producen ansiedad, las sorpresas en las páginas de Grindr (?), las cancelaciones, los chats, todo aquello que ha llegado con la tecnología imparable y que ha provocado nuevos modos de relación y que tan expuestos nos deja a poco que seamos descuidados o generosos con lo que compartimos. En ese sentido la novela es muy "generacional", no sabría si de la X o de la Z, no distingo. Bien es cierto también que, tal vez por mi provecta edad, la historia me ha parecido algo previsible, aunque también entretenida. No diría, sin embargo, que es "esencial para la supervivencia". En ese sentido, A Stormy Night, antes citada, me parece mucho más acertada. Y aquí lo dejo.
José Manuel Mora.
. La novela funciona como un espejo generacional sobre los vínculos jóvenes en un contexto marcado por la inestabilidad emocional, la sobreexposición y la fragilidad de los afectos.
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