En busca de la propia identidad

Hacía mucho tiempo, un mes, que no comentaba ninguna película. Sin embargo esta vez no quiero dejar pasar la que acabamos de ver en Filmin, porque no deseo olvidarme de ella. Se trata de La hija pequeña (La petite dernière), de Hafsia Herzi, quien también es autora del guión, a partir de una novela de Fatima Daas, al parecer algo autobiográfica. Es ya su tercer largometraje. No sé si se ha llegado a proyectar en salas aquí en Alicante. Lo que me parece evidente es que me resultaba totalmente desconocida, a pesar de que Nadia Melliti, joven no profesional, se llevara el premio a mejor actriz en Cannes el año pasado y también el prestigioso César a la mejor actriz revelación.


París es una ciudad multiétnica, más todavía en la banlieu, como lo son tantas en tantos lugares en la actualidad. La protagonista es bien francesa, aunque su familia, amorosa y patriarcal, sea de origen argelino, como muchos pieds-noirs, perfectamente bilingües, provenientes de la descolonización. Ella es la pequeña de las tres hermanas, de ahí el título en francés. Otra de las protagonistas es una coreana (Park Ji-min). Ambas se expresan en perfecto francés, ya que es en el idioma en el que se han educado. Fatima acaba de entrar en la Universidad. Suele vestir con desenfado y gorra de béisbol, además de que le gusta el fútbol. Como contraste, realiza las abluciones prescritas y se reviste de velos, como hacen las musulmanas piadosas, para rezar en la soledad de su habitación. Intenta además emanciparse de su familia, donde el único horizonte para ella es el matrimonio y la cocina. 


Hace amistades, sale, baila, busca contactos en las aplicaciones del móvil y, en un grupo de asmáticos, conoce a la muchacha coreana, de la que se enamora. Lo que la peli plantea es el profundo problema que para ella es intentar conciliar sus creencias acendradas con una atracción prohibida en el libro sagrado; también la crisis familiar que se produciría si se supiera en el ambiente patriarcal que reina en su casa. Todo esto se ha vivido en nuestro país en los tiempos en los que la dominación de la cultura eclesial dominaba conciencias y exigía renuncias, ocultamientos, mentiras. 


La delicadeza con la que se muestra el conflicto íntimo de la muchacha es conmovedora. No hay melodrama. Hay cotidianeidad, hay dolor, hay intento de sentirse integrada en la fac y con los colegas de la misma. Sin embargo la noche suele ser el momento en el que ella se permite ser sí misma, en contradicción flagrante con lo que el imán de su mezquita le prescribe: marido e hijos. Todo ello aumenta su sentimiento de incomunicación, de aislamiento. Tal vez por ello resulta tan conmovedora la escena final con su madre, con unos primeros planos emocionantes y nada exagerados.  Como ya he dicho, la cinta es una muestra más de las imposiciones que la religión y el ambiente en torno pueden ejercer sobre los seres humanos y sobre sus aspiraciones a la libertad de ser quien de verdad se es. 

José Manuel Mora.



P. S. No he encontrado el tráiler subtitulado en español. Désolé.



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