Palestine '36, de Annemarie Jacir

Memoria histórica

Tal y como adelanté al final de la entrada de ayer a propósito de Gaza, fui por fin a ver una película  que sólo por el título ya me resultaba atrayente. Tal vez tanta insistencia sobre el tema pueda aburrir o cansar a algunos de  mis posibles lectores, pero una vez vista, me parece el complemento perfecto para el libro. Palestine '36, escrita y dirigida por  Annemarie Jacir (Belén, territorios ocupados por Israel, 1974). El país de origen de la peli de 2025 es, como se podía suponer, Palestina, aunque se trata de una coproducción en la que han participado muchos países (Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Catar, Arabia Saudí y Jordania). Y a la entrada del cine leo en el cartel que fue preseleccionada a los Oscars. Cuando se estrenó en el festival de Toronto recibió una ovación de 20 minutos. Anoche sucedió lo mismo en el pase al que asistí. No lo vi entonces en ninguna noticia. 

La cineasta es de familia árabe cristiana, aunque pueda parecer paradójico, ha estudiado en California y Nueva York. Se considera una cineasta independiente. Desde su primera película, Salt of this Sea, candidata en 2008 a los Oscars de habla no inglesa, su cine se ha caracterizado por la recuperación de la memoria histórica, el cruce de identidades y el estudio de las raíces de su pueblo. Todo ello está también en la película que voy a comentar. Aquella candidatura volvió a repetirse en 2013 por When I saw you. Ejerce además de poeta y es autora de relatos. Reside en Jordania después de que las autoridades israelíes le prohibieran pasar a Cisjordania, donde entonces estaba su hogar, a pesar de lo cual y de los atentados terroristas de Hamás, pudo rodar en localizaciones originales.                                                                                             


Decía ayer en la reseña de Gaza, antes y después del 7 de octubre, que no era posible entender la situación de la Franja, y de Cisjordania en general, sin recurrir a un repaso histórico que su autor, Peral, esbozaba: se trata del conocer que el origen de todo el conflicto tiene raíces del colonialismo de los siglos XIX y XX. Al situarse la directora en 1936, da por supuesto que sabemos que todos los territorios del conocido como Oriente Medio, antaño dominados por el imperio otomano, fueron repartidos entre dos de las potencias que firmaron el acuerdo Sykes-Picot: Francia (Líbano y Siria) y Gran Bretaña (Bagdad, Jordania). Palestina, al ser considerada Tierra Santa para las tres religiones del Libro, fue de administración internacional. En la cinta se cita la declaración de Balfour (1917) por la que los británicos se comprometían a que los palestinos no resultaran perjudicados por la llamada que animaba al movimiento sionista internacional a establecer una patria para los judíos, perseguidos en Rusia, Ucrania, Polonia y Centro Europa, sobre todo con la llegada del movimiento nazi. 


Y es con la llegada de los primeros colonos, dedicados a ocupar las tierras palestinas, cuando surge la conocida como Gran Revuelta Árabe, cuyo objetivo era detener la masiva inmigración judía y que se prohibiera la venta de tierras a los que llegaban. Se rechazaba, naturalmente, el control político de los británicos, y se planteó una huelga general que duró seis meses. Ese es el contexto en el que arranca la película. Pronto vemos que ante la revuelta árabe, los británicos responden con extremada violencia, con castigos colectivos, con detenciones injustificadas de los líderes árabes o de cualquiera que intentara oponer resistencia. Somos testigos de una sociedad mezclada en la que, además de los palestinos, musulmanes, hay también cristianos ortodoxos, como el padre Boulos (Jalal Altawil). Grupos sociales diversos: terratenientes que desean mantener el buen trato con los británicos, políticos que se dejan comprar con ánimo de lograr la alcaldía (Saleh Bakri), y a la vez campesinos como Yusuf (Karim Anaya), que vive a caballo entre el pueblo y la ciudad y tendrá que decidir qué partido tomar, el de la élite palestina o el de los campesinos de su pueblo, como tendrá que hacer también Khouloud (Yasmine Almassri), periodista formada en Oxford y consciente de lo que está sucediendo, por lo que lo denuncia en sus escritos bajo un nombre de varón. Estos personajes tan contradictorios entre sí dejan lejos el posible maniqueísmo de la directora.








Su opción ha sido crear ese contexto que explica lo que sucederá y al mismo tiempo reflejar las vidas humildes de los campesinos que siegan, recogen algodón, y viven dignamente en su sencillez, en un territorio que ni estaba vacío ni eran tan árido como se pudiera creer. Para lo primero Jacir hace uso de imágenes de archivos británicos, en formato cuadrado, coloreados, que muestran la vida cotidiana en la colonia y que dan autenticidad a lo que vemos, sobre todo porque, cuando se abre la pantalla completa, la puesta en escena, la ambientación, el vestuario, no desentonan con las imágenes verídicas. Resulta doloroso comprobar la crueldad del joven militar británico (Robert Aramayo, personaje excesivo), que no consigue equilibrar la supuesta neutralidad del arrogante Alto Comisionado (Jeremy Irons), atento siempre a los intereses londinenses. 

Mientras todo eso va ocurriendo, con tragedias individuales,  al otro lado de las primeras alambradas van surgiendo los primeros asentamientos judíos. Se hace necesario escriturar las propiedades ante notario, unas tierras que nunca tuvieron papeles justificativos, pero que todo el mundo sabía a quién pertenecían. La mayoría de los campesinos son iletrados y ven todos esos pasos muy complicados de dar. Hay mucho de divulgación en la cinta, de conciencia nacional, pero se hace necesaria para entender cómo hemos llegado hasta aquí, en un acoso que parece no terminar nunca. Así pues la película narra el pasado, pero explica el presente a modo de fresco histórico de resistencia, de lucha por la libertad. Haber podido verla en V.O.S. ha dado mayor intensidad a la proyección. Así dejo el tráiler. Invito a quienes hayan llegado hasta aquí a acercarse a los cines Aana y pasar dos horas con el corazón en un puño. Bien lo vale. 


José Manuel Mora.





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