Monstruos
Esta vez la sugerencia de visionado viene de un experto, mi profesor de cultura japonesa, Benito García Valero. Es un conocedor del país del sol naciente, adonde ha viajado en varias ocasiones y cuya literatura, cinematografía y cultura conoce a fondo, como puso de manifiesto en los dos cursos a los que he asistido. Así que, cuando me sugirió la conveniencia de ver Monstruo (2023), película a la que se puede acceder en Filmin, no dudamos en dedicarle un par de horas a su visionado. Y eso que a mí el título me echaba un poco para atrás, al no ser de mi agrado las cintas de esa temática. Pero la palabra es polisémica y aquí está utilizada en sentido metafórico, como luego veremos. He querido dejar el cartel original.
Hirokazu Kore-Eda (Tokio, 1962), era un nombre que no me resultaba extraño, pero con la fragilidad de mi memoria he tenido que recurrir a la wiki para que me recordara su filmografía. Y entonces salta la sorpresa: ya hay reseñadas aquí un par de pelis suyas que me gustaron mucho, De tal padre, tal hijo (2013) y Un asunto de familia (Palma de Oro en Cannes en 2018). Como para poderme acordar. Han pasado siglos desde que las vi. Y nuevamente vuelvo a encontrarle sentido a escribir estas notas porque puedo recuperar lo visto, lo leído, lo vivido. Así pues aquí dejo unos apuntes sobre la peli y, ya lo digo de antemano, una recomendación. Qué bueno poder volver a títulos que se me escaparon en su momento y que ahora se pueden rastrear en esa "filmoteca" en la que se está convirtiendo la plataforma que ahora la ofrece.
Cuando ya llevábamos un buen rato de metraje, la historia, contada desde la perspectiva de la angustiada madre, Saori (Sakura Ando) de un niño, Minoto (Soya Kurokawa), quien parece sufrir malos tratos por parte del maestro en la escuela, da un vuelco. Volvemos a presenciar la anécdota, pero ahora desde la perspectiva del docente, el Sr. Hori (Eita), lo que nos obliga a verlo todo con otros ojos. No hay separación entre ambas partes, sino una continuidad que hace que uno se mantenga atento por la sorpresa de necesitar reprocesar lo que creía claro. Y así llegamos a la tercera parte, en la que acabamos conociendo los hechos desde el punto de vista de los niños, el otro es Yori (Hiiragi Hinata), su compa, lo que hace necesario que nos lo replanteemos todo de nuevo, con un final abierto que lo deja a uno en una perplejidad inquieta. Y me viene a la cabeza un clásico en B/N de Kurosawa, la famosa Rashomon, de 1950 nada menos, y que parece haber indicado a Kore-Eda el modo de contar algo, el perspectivismo. En las dos últimas visiones funciona sabiamente la analepsis, el famoso "salto atrás". Hay todavía una última perspectiva más breve, la de la directora del colegio, cuya postura, desde nuestra óptica, es la que más cuesta de asumir.
Sin pretender destrozar la cinta, es en la última parte donde asistimos al descubrimiento de la relación entre los dos críos, uno huérfano de padre y el otro de madre, y a los porqués de su silencio ante los mayores, por no hablar del que aparentemente provoca ese sentimiento de "monstruosidad", el padre de Yori, además de las reacciones de los crueles compañeros de aula, tan amigos del acoso, allí como aquí, al no soportar la diferencia. Seguramente la película no sería tan emocionante ni tan creíble de no contar con esos dos pequeños grandes actores: Kore-Eda ya había dado muestras de saber trabajar con niños, como puso de manifiesto en los dos títulos citados al principio. Las imágenes vienen acompañadas de una espléndida banda sonora de Ryuichi Sakamoto.
Entre el incendio inicial y la tormenta final, se mueven los personajes, cada uno con sus "razones", en torno a esas dos criaturas que no son conscientes de sus propios sentimientos, pero que intentan hacer frente a los batacazos que la vida les da a tan corta edad. ¿Quién es pues aquí el monstruo? Tal vez para el cineasta todo depende de quién mira y de cómo lo hace. ¿No habremos vivido los propios espectadores situaciones en las que uno se ha sentido o ha sido visto como un monstruo? Ahí lo dejo.
José Manuel Mora.
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